Las imágenes me llegan en serie. Una cadena que se corta entre eslabón y
eslabón, por espacios de tiempo más o menos largos. Por lo general, aparecen sin
que las pueda controlar. Cada tanto se insertan en una frase: estoy hablando y
surge una foto, un flash repentino que viene y se va en el acto. La mayoría del
tiempo, estas imágenes no tienen ninguna relación con lo que estoy pensando o mirando... Por ahora, mi mundo es el silencio. Es decir, no hablo mucho. No quiero. No estoy pudiendo.
El otro
día, mientras miraba por la ventana, apareció en mi mente una especie de cartel con una
palabra escrita que no pude descifrar. No es la primera vez que me pasa. Miro por la ventana, miro hacia la nada y zas... aparece una palabra. Y como vino, se va.
A veces, la aparición es tan repentina que no la puedo atrapar. Sólo sé que lo que pasó es una palabra, hecha con letras reconocibles y reconocidas por mí, pero que no pude leer, reconocer, relacionar. Veo la palabra escrita, reconozco que se trata de una palabra escrita pero no puedo relacionarla con un significado y/o significante.
A veces, la aparición es tan repentina que no la puedo atrapar. Sólo sé que lo que pasó es una palabra, hecha con letras reconocibles y reconocidas por mí, pero que no pude leer, reconocer, relacionar. Veo la palabra escrita, reconozco que se trata de una palabra escrita pero no puedo relacionarla con un significado y/o significante.
El otro día, recordé una película. Gran momento! Recordar algo...
De repente, vi con mucha claridad a alguien que, para poder aprender una idioma extranjero, llena su casa de cartelitos con palabras. Post-its amarillos empiezan a cubrir muebles, cajas, objetos, plantas... Cada mueble, cada caja, cada objeto tiene pegado una papel que lo o la nombra. Luego se lo conté a Rosa, como para que pudiera entender lo que me pasa, ya que la escena describe claramente la sensación que tengo: mi mente está pegando carteles internos en las cosas que puede reconocer, dentro de un proyecto de reconstrucción mental. Pasa una idea, un recuerdo y pongo un cartel.
De repente, vi con mucha claridad a alguien que, para poder aprender una idioma extranjero, llena su casa de cartelitos con palabras. Post-its amarillos empiezan a cubrir muebles, cajas, objetos, plantas... Cada mueble, cada caja, cada objeto tiene pegado una papel que lo o la nombra. Luego se lo conté a Rosa, como para que pudiera entender lo que me pasa, ya que la escena describe claramente la sensación que tengo: mi mente está pegando carteles internos en las cosas que puede reconocer, dentro de un proyecto de reconstrucción mental. Pasa una idea, un recuerdo y pongo un cartel.
La realidad es que hasta ahora, no he vuelto a
pasar nunca por el mismo lugar, o sea no he vuelto a ver el mismo cartel dos
veces pero sigo pegando post-its mentales... En algún momento, el collage va a tener sentido. Estoy segura.
También recuerdo la historia de un tipo que, una vez que nombra, reconoce
y anota el nombre de las cosas. Se vuelve loco.
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